jueves, 8 de septiembre de 2011

TIEMPO *

..tan relativo, del que todos dependemos, que nos ayuda a madurar, a aprender, a saber lo q en cada momentnto debemos acer, q nos tira al suelo miles de veces esperando q nos levantemos una y otra vez, aunq a veces qeramos tirar la toalla, el tiempo en el q pensamos tanto, nos comemos la cabeza, el tiempo q muchas veces nos hace falta en muchos momentos, el tiempo q muchas veces es el unico capaz de sanar heridas... desilusiones, desprecios el tiempo q muchas veces qeremos q se acorte de una ves y qe por fin llegue ese momento tan esperado... q otras veces queremos q se alargue para qe algunos momentos sean eternos.Ese tiempo q nos ace olvidar a algunas personas , q nos ace creecer vivir momentos inolvidables y fantasticos y tambien momentos q seria mejor olvidar por el dolor o la vergüenza q nos provocaron , pero q graciosamente son los mas dificiles de borrar , tiempo q cada vez te ace ver la vida de una manera distinta, a veces te ries de ella y otras veces la maldices y piensas q no merece la pena.Estas y muchas otras cosas dependel del dichoso tiempo aunque si no existiera ... muchas de estas cosas no serian tan interesantes ni tendrias aquellos recuerdos inolvidables como aquellas vacaciones con la familia o esos campamentos con todos tus amigos o aquel dia perfecto con tus amigas en el q tanto te reiste , esas fiestas en las q el color de tu peña te parecia el mejor del mundo, todas quellas canciones con las q tanto as reido y llorado ..... en fin... TODO

1 comentario:

  1. Del otoño es muy fácil decir que son bonitas las hojas amarillas. Y también los reencuentros, después del verano. Y que los patos del canal están mucho más guapos a la luz del atardecer. Sin embargo, yo siento alivio cuando piso las hojas amarillas. No me compadezco. Su crujido es lo más parecido que me he encontrado a un lamento y la calma que viene después. Del otoño, además, sólo recuerdo despedidas. Los patos a veces voy y están dormidos y vuelvo a casa con la bolsa llena de migas de pan. Que si tengo hambre, me las como, mirando por la ventana del cuarto de baño la pared vacía de la casa de enfrente. Pero si no... Duele mirar una bolsa llena de migas de pan cuando en casa el suelo no está cubierto de hojas amarillas.
    Del otoño también es muy fácil decir que las aguas del río no queman de frío todavía y que sólo hay cierzo un día de cada tres. Y que el cielo se pone rojo a eso de las siete. Y que muchos cuadernos se llenan de listas de deseos. Del otoño es tan fácil hablar que todo el mundo conoce sus colores y que suena a música de violines, y que sabe a las primeras sopas y que cala como las primeras nieblas, tan adentro, que dicen que eso se llama melancolía. Sin embargo, a mí nadie me ha explicado todavía cómo se dice adiós cuando es otoño sin que te tiemble la voz, ni cómo se mira hacia adelante después de intentar decirlo, sin entender por qué estamos en septiembre, sin quedarse atrás, sin saber, sin poder, sin tener la más mínima idea de cómo se escriben la luz, las hojas y la música de los violines.

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